La curación por la Consciencia. Problemas de piel.

Artículo publicado en el número 45 (Enero 2012) de la revista Universo Holístico.

Desde las Terapias Naturales solemos afirmar que contrariamente a la medicina artificial o académica, nuestras disciplinas actúan sobre las causas de inadaptación o “enfermedad”. No obstante, siento que no está nunca de más recordar que nosotros, como terapeutas, no somos más que sirvientes de la vida y de su manifestación en la materia, en este caso el cuerpo humano. Por lo tanto, nuestro papel en la curación no es más ni menos que el de canalizar el impulso vital desde su fuente hacia nuestros clientes/pacientes.

La vida es algo muy difícil de definir. Se trata de una entidad infinitamente dinámica, con incontables dimensiones, que nace de un dominio que se encuentra más allá de nuestra capacidad de comprensión. De ahí que desde la ciencia convencional, nunca hayan podido asumirla realmente. Es una entidad más integrable desde nuestro cerebro derecho, analógico e intuitivo que desde el izquierdo, racional y analítico. A fin de cuentas lo que la sociedad occidental llama “vida”, el cuerpo y su fisiología, no es más que la punta de un infinito iceberg. Los Naturólogos intentamos racionalizar lo que es “irracionalizable” en esencia para intentar comprender, y explicar a la sociedad, lo que hacemos. “Racionalizar/Razonar” comparten raíz con “Ración”, es decir parte o división. Para comprender necesitamos dividir. Así funciona el hemisferio izquierdo.Expresamos pues que la vida es como el agua de una cascada, que mana desde lo superior (el “espíritu”), y va cayendo formando remansos  intermedios (la “mente” y la “energía”), que se alimentan del de arriba y nutren al de abajo en cadena, hasta llegar al suelo: el cuerpo físico como tal.

Afirmamos que nosotros buscamos, y encontramos, las causas de inadaptación en los cascotes que se acumulan en esos remansos superiores del torrente de la vida y no tanto a nivel del suelo. Pero esta racionalización en niveles, tan útiles muchas veces en lo pedagógico, sirven para olvidar a veces en lo práctico, que estamos tratando con algo que es una unidad. La vida tal y como se manifiesta en ese paciente.

En este contexto si hubiera algún término para mí que pudiera aproximarse a lo que la vida representa, ese sería, sin duda, el de “conciencia”.  “Conciencia” no en el sentido judeo-cristiano, de censora de nuestros actos, sino en el de puente entre lo Infinito y lo finito.Cada uno de nosotros es una conciencia, una de esas cataratas con su manera única y particular de dejar caer el agua de la vida. Para que la salud se manifieste con plenitud, el cauce debe de estar libre de obstáculos, lo cual evidentemente no es el caso de los habitantes de este mundo nuestro. La trama de la conciencia está tejida con un material muy especial: es una delicada fusión de pensamiento y de sentimiento y abarca toda nuestra experiencia. Todo lo que vemos, oímos, tocamos, incluso las personas o cosas que parecen estar fuera de nosotros. Como reconoce la mecánica cuántica, somos copartícipes de lo que ocurre y nos ocurre. La Conciencia del observador es la madre de la mente, de la energía y de la materia. Es pues en los rotos de ese tejido tan especial, donde se halla la causa primera y última de no-salud. Estos nos recuerdan con acontecimientos dolorosos varios, en intensidad y naturaleza, que nuestra cascada no está limpia. Uno de esos acontecimientos sin duda, es la inadaptación física o “enfermedad”. Y esa inadaptación-recordatorio se manifiesta en la Mente, se manifiesta en la Energía, y se manifiesta en lo Físico, pero está más allá de ellos.

Lo más parecido a la salud permanente sólo puede obtenerse mediante la reconstrucción de esa trama cósmica interna, que es la armonización de lo que sentimos, con lo que pensamos y hacemos: la ConSciencia, que sería la conciencia limpia de sus “manchas”. La catarata que fluye y ruge con fuerza. Ese es el plano causal de la no-salud, y lo que, a mi entender, todo terapeuta y todo paciente debe afanarse por descubrir. Somos siervos de la Consciencia, tanto cuando acudimos como pacientes como cuando recibimos en nuestro espacio como terapeutas. Ninguna inadaptación se deja realmente atrás sin la misma.

Desde una perspectiva naturista, podemos mejorar la no-salud, con sustancias ponderales (fitoterapia, nutrición, minerales, vitaminas, aminoácidos).  Con técnicas bioenergéticas (Acupuntura, técnicas de kinesiología, Shiatsu etc..) o con Homeopatía y resto de terapias vibracionales, podemos armonizar la circulación de la energía vital, haciendo mejorar y debilitar grandemente el sufrimiento que se produce en el cuerpo y en el alma de nuestros pacientes.Con ellas podemos aparcar de manera efectiva e inocua una inadaptación dolorosa por un tiempo indeterminado, lo cual es un escenario de éxito sin duda.  Pero si el agujero de la trama no ha sido reparado, más tarde o más temprano, vuelve. A veces según como haya sido enfocado el asunto, puede volver con formas diferentes, pero reconocibles para el terapeuta entrenado en el pensamiento y la práctica Holística.

Un caso práctico:

 El caso que hoy me ocupa ilustra todo este proceso. Cuando ha llegado el momento, sí o sí (porque la Vida no da opción ya de dilatarlo por la persistencia del dolor que ocasiona), de enfrentar definitivamente uno de esos rotos en el tejido; o cuando la propia persona por consciencia decide que ha llegado ese momento; o incluso para la persona que, por principio, sabe que cualquier dificultad de la Vida es solo una lección que queda por aprender. Y el “aprender” es mirar, re-sentir, experimentar con humildad y a la vez con discernimiento adulto, el dolor que quedó aprisionado y fuera de alcance de la conciencia convencional. Fusionar el sentir profundo de lo que somos con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Conciencia en definitiva en términos terapéuticos prácticos, es permitir que la inadaptación (que no es sino el lenguaje de la propia Vida)  nos guíe en el camino de recuperar la Salud. Un camino de reencuentro con nosotros mismos en un nivel vibratorio superior.

Roberto es un informático de 39 años que vino a consulta por problemas de piel. Lo que con 17 años era una pequeña zona áspera y enrojecida encima del codo derecho, se ha transformado con los años (y cortisonas, antifúngicos y antibióticos mediante) en un problema crónico de piel. Durante los meses de invierno, el cuerpo se le cubre de “ronchas”, amplias zonas inflamadas y supurantes, con picores moderados a fuertes según los momentos. El picor empeora cuando se pone nervioso. Afortunadamente aún, el problema es estacional: en los meses más cálidos desaparece sin dejar rastro, como por arte de magia, para volver si acaso con más fuerza a mediados del otoño siguiente. No hay problemas articulares… Todavía. Si acaso algo de anquilosamiento en los tendones y ligamentos. En los momentos más intensos las “ronchas”, le cubren la parte externa de los brazos, zonas de la parte externa de las piernas, toda la parte inferior de la espalda, los costados. Parece que la sintomatología se va haciendo cada año más fuerte. Trabajamos con Naturopatía, guiada con Kinesiología (bioenergética, oligoterapia, nutrición) a la vez que vamos buscando el remedio homeopático único (simillimum) que le devuelva el equilibrio perdido. El trabajo permite llevarle paso a paso por capas de inadaptación y dolor a diferentes niveles. Cuando menos lo esperábamos, en una sesión de Sofrosis (hipnosis suave) entra por fin en contacto intenso con el foco analógico de su problema. Enterrado en su subconsciente subyace un cúmulo analógico traumático de “querer estar en contacto y no poder” relacionado con su padre, combustible de todo su problema de piel. La consciencia y observación con apertura y amor desde el adulto, resintiendo todas las sensaciones y el dolor infantil que quedó almacenado en su momento, le permite remendar el roto en el tejido de la Vida. El otoño siguiente, el cuadro se ha debilitado notablemente. El de después, solo queda la ronchita original, de los 17 años.

La paciencia, la humildad, la confianza en Uno mismo, junto con el afán por sanar realmente, poniéndose al servicio de la Vida-Consciencia es la llave que todo lo abre. Dejándose conducir por el dolor que desencadena en toda nuestra experiencia la inadaptación, se van abriendo los muros que permiten liberar la Energía Vital subconsciente reprimida.  En este proceso se suele necesitar de un acompañante, de un “terapeuta” en su significado etimológico original, que haga el camino más fácil. Eso es de lo único que como profesional me jacto de ser.

Las sustancias o técnicas hacen una función excepcional, iluminando y allanando el camino, pero este sólo lo podemos andar nosotros, con nuestras propias piernas. Y es ese andar, ese “MIRAR”, lo que cura, lo que sana. No hay atajos, no hay “enchufes”, si acaso algunos oasis. Pero cuidado, muchos de ellos tienen cocodrilos. La Vida y la Salud son implacables, tanto para “mal” como para “bien”. Lo que sana, es sacar el “mal” hacia fuera, responsabilizarse de él y mirarlo a los ojos.

Igual que en aquella vieja parábola en la que el consejo de dioses se hallaba reunido para tratar sus importantes cuestiones. Mientras que los dioses debatían entre si, no se percataron de que en el trono del Dios Supremo se había instalado un demonio. Enfadados… ¡indignados por semejante provocación! Empezaron a manifestar su horror desde sus tribunas, amenazándolo e increpándolo. Ante esto, el avatar del mal no paraba de henchirse orgulloso y de crecer más y más. Al llegar el Dios Supremo y contemplar la escena del demonio ocupando orgulloso su trono, se puso delante de él. Ante la sorpresa del resto de dioses, se postró ante el inmenso demonio y dijo “Heme aquí, soy tu servidor”. El demonio comenzó a menguar y menguar hasta volver a su tamaño natural y… Desaparecer.

La Consciencia es la energía más sutil pero más poderosa del universo. Es capaz de mover armoniosamente las más enormes estructuras del cosmos. Pero, aún así, su más grande e increíble logro es la existencia de la Vida y de su hija, la Salud.

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12 Responses to La curación por la Consciencia. Problemas de piel.

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